Hoy escribo estas líneas con una emoción difícil de describir.
Después de mucho trabajo, ilusión y muchas horas de dedicación, por fin puedo deciros: bienvenidos a El Refugio de las Flores.
Esta web nace como nace todo lo que se hace con las manos y con el corazón: poco a poco, con mimo, con dudas, con aprendizaje… y con una enorme ilusión por compartir lo que hago y lo que soy. Deseo que, al recorrerla, podáis sentir el cuidado, la calma y el amor que hay detrás de cada pieza.
Quiero dar las gracias, de verdad, a todas las personas que habéis confiado en mí a lo largo del camino. A las que estáis desde el principio y a las que acabáis de llegar. Vuestra confianza es lo que da sentido a todo esto.
El nombre El Refugio de las Flores no es casual.
“El Refugio” era como siempre llamé a una pequeña casa en el pueblo de mi padre. Para mí era —y sigue siendo— un lugar donde parar, respirar, desconectar del ruido y reencontrarme conmigo misma. Un espacio de paz.
Cuando cumplí 50 años, mi hermana me regaló algo inolvidable: una fiesta sorpresa rodeada de amigas. Cada una me dedicó unas palabras y me asoció con su flor favorita. Desde ese día, aquel lugar dejó de ser solo El Refugio para convertirse en El Refugio de las Flores. Porque mis amigas, como las flores, llenan de belleza, color y sentido mi vida.
Cuando más tarde abrí mi tienda-taller, supe que ese nombre tenía que quedarse. La cerámica también es un refugio para las flores: las acoge, las cuida, las acompaña. Todo encajaba de forma natural, sin forzarlo.
Este espacio que hoy estreno es una prolongación de todo eso. Un lugar donde compartir mi trabajo, mi proceso creativo y la calma que encuentro entre el barro, las manos y el tiempo detenido.
Gracias por estar aquí.
Ojalá este refugio también sea un poquito vuestro.
***En el próximo post te contaré cómo es mi proceso creativo y qué hay detrás de cada pieza.